Ignacio Agramonte: patria, virtud y democracia
Por Emilio Barreto Ramírez Mayor General Ignacio Agramonte y Loynaz Cuentan que de visita en la casa de un patriota muy vinculado a la batalla de Jimaguayú, a Martí le pusieron en sus manos un pequeño frasco de cristal que atesoraba algo muy especial: un mechón de los cabellos de Ignacio Agramonte. A los pocos segundos de sostener el pomo, el Apóstol de la independencia cubana experimentó un ligero temblor, pero visible. Después confesó que tenía conciencia plena de la carga patriótica y virtuosa que constituía aquella reliquia. Desde mucho tiempo antes de esa vivencia, Martí, públicamente, había enaltecido que si de patriotismo se trataba, era menester destacar de Carlos Manuel de Céspedes, la pasión; de Ignacio Agramonte, la virtud. Ambas se pueden constatar, nítidamente, en la carta que reproduzco debajo de estas líneas: una misiva enviada por el Mayor General Ignacio Agramonte y Loynaz a la Cámara de Representantes del Gobierno de la República en Armas. Agramonte la remitió desd...