Cuba: tribulaciones en torno a la nación
Por Emilio Barreto Ramírez
Las conversaciones entre el general Alejandro Castro Espín y la CIA, cuyo escenario es México, han estimulado preocupaciones de cubanos en relación con la salud de la Nación a partir de que se inicie en Cuba el proceso de desmontaje del sistema socialista, y el PCC -lógicamente por fuerza mayor-, se vea cuando menos precisado a ceder todo el terreno en el poder central del Estado y el gobierno y, por supuesto, en la esfera pública, e incluso a perder toda la hegemonía. Al parecer, el liderazgo que con seguridad ejercerá Estados Unidos desde el gobierno de Donald Trump está redimensionando en las cabezas de unos cuantos la probabilidad de que la poderosa nación del Norte intervenga en Cuba bien factualmente, bien de por vida. La duración da igual. Lo que interesa es ver si realmente surge ahora un peligro de contaminación colonial que ya algunos piensan gravita sobre la nación cubana.
Pues bien, entiendo que no hay tal peligro. No me adentraré en juicios proféticos acerca de si en la actualidad están pasadas de moda las anexiones territoriales porque funcionan más las esferas de influencia y los nuevos ordenamientos geoestratégicos regionales son mayores y mejores de ese modo. Entre otras razones porque, de cualquier manera, el presidente Trump ha estado litigando, amenazadoramente, la anexión de Groenlandia, Canadá y el Canal de Panamá (territorios que sí ofrecen muy buenos dividendos económicos y geopolíticos). Pero desde ya tenemos que la tercera de esas ansias no fructificó, porque la negociación política resultó eficaz y el Canal continuará bajo la administración de la República de Panamá. Los otros empeños pudieran ser dos tour de force políticos que se hallan, única y exclusivamente, en el ego de Trump y no precisamente en una agenda de las élites de poder estadounidenses. Esa observación ha de ser puesta a buen recaudo si se mira con detenimiento el modo en el cual se está conduciendo Washington ante el dilema venezolano, esto es, puntualmente desde fuera y con ojo avizor, mientras Delcy Rodríguez, encargada de la presidencia en Venezuela, conduzca a su país hacia un proceso de transición a la democracia.
![]() |
| En este breve ensayo, Fernando Ortiz arriba a un diagnóstico desapasionado y muy objetivo en torno al empuje social del cubano en puntos del comportamiento colectivo. |
Algo parecido o casi igual quedaría reservado para Cuba. Por eso, en primera instancia, no peligra la nación. Hay además otra razón de índole histórica: a Cuba aún le falta un tramo nada pequeño para erigirse en nación. Entonces, lo que no existe no corre peligro de perderse. Durante la República Burguesa andábamos en el sendero de forjar la nación: las orientaciones decimonónicas de José Martí ya habían sido comprendidas por la intelectualidad y el diagnóstico era al respecto bastante satisfactorio, aún cuando faltaban empeños y resultados.
Luego, si seguimos en puntas de pies la historiografía cubana escrita tanto dentro como fuera de Cuba en tiempos de Revolución Socialista, podemos convenir que tenemos país desde el siglo XVIII. Entonces ya existían instituciones que funcionaban bien y habían puesto a la Isla en un lugar preferencial en relación con las colonias ultramarinas españolas. La corona española siempre denominó provincias a sus territorios ultramarinos, pero, de hecho, la condición de españoles de segunda a la que fueron relegados los españoles de ultramar (criollos) los condujo a la estrategia de comenzar a crear en los territorios de ultramar engranajes institucionales con carácter de país. Al mismo tiempo, se ha de tener muy en cuenta que la España ibérica se fue conformando económica y políticamente al mismo tiempo que los territorios ultramarinos. España llegó demorada a la Modernidad que inauguraron a nivel mundial Francia y Estados Unidos en un tren político que Inglaterra abordó con inmediatez, dada su condición de imperio con un pensamiento avanzado.
![]() |
| A Gustavo Pittaluga las ciencias sociales en Cuba le deben el reconocimiento de un lugar cimero por su aporte a la cubanidad. |
Esa realidad histórica pesa mucho en la cubanidad que se fue conformando y terminó de cuajarse ideológica y económicamente luego de la experiencia de la ocupación de La Habana por los ingleses. Durante los once meses que transcurrieron en 1762 no menos de 1100 barcos atracaron en el puerto de La Habana y dispararon el comercio, convirtiendo a la villa de San Cristóbal de La Habana en el mercado por excelencia allende el Océano Atlántico. Por eso me atrevo a afirmar que el comercio exuberante en tiempos de la cercanía económica de La Habana con Inglaterra haya terminado de perfilar las vocaciones europeas de la Generación de Plantacionistas con Francisco de Arango y Parreño a la cabeza, cuyo pensamiento económico todavía hoy sorprende a los más avezados estrategas del liberalismo. De aquella época data la célebre frase popular "llegó la hora de los mameyes": a partir del color de las casacas de los soldados ingleses, sentenciaba el pueblo habanero un cambio de época.
En esa fecha ya la isla de Cuba tenía cubanos que pensaban en clave de país y con sentimientos palmarios de identidad nacional que alcanzaron la cima en la generación de José de la Luz y Caballero. "Todo es en mí fue, en mi patria será." Así afirmaba el educador preclaro que enmarcaba el compromiso no del "deber ser cubano", sino incluso más: el de "la voluntad del deber ser cubano". A partir de ahí los cubanos iniciamos un crecimiento que finalmente comenzamos a ensayar en 1902, aún cuando esa afirmación no le guste a la historia oficial en la Cuba posterior a 1959, pues desde las tres corrientes ideológicas que matizaron las porfías políticas en la Cuba de la República Burguesa (la liberal, la socialista y la socialdemocracia cristiana) se produjo un pensamiento nacionalista sólido por medio del periodismo, la literatura y el ensayo de ciencias sociales.
Sin embargo, la nación no había llegado a forjarse. Después de la declaración del carácter socialista de la revolución cubana, saltan de inicio un par de razones que han ralentizado el proceso hasta estancarlo: la primera es haber propiciado y estimulado, stricto sensu desde el canon de lo ideológico, una diáspora cubana sobre la base de no tolerar la tenencia de criterios no encausados por el sendero de la revolución. Eso cuando menos, porque en muchísimos casos la condición de emigrado ha sido insuficiente para alejar a quien destilaba desafección por el socialismo. La simetría y la fractura en el ámbito de la identidad nacional son los resultados de haber empujado al exilio a centenares de miles de cubanos por pensar diferente en relación con la revolución y el socialismo. Incluso hasta posturas clasificables dentro de la heterodoxia fueron estigmatizadas como generadoras de subversión del orden político y social. ¿El saldo?: los opositores han sido puestos tras las rejas y finalmente empujados al exilio. Para los heterodoxos quedó dispuesta la relegación al ostracismo y, si fuera necesario, pues la apertura de la puerta trasera hacia la emigración, desde la cual acabaron por ser igualmente exiliados.
Semejante política de fractura social terminó por convertir a Miami en la segunda ciudad con más cubanos después de La Habana. El crecimiento demográfico de Miami -donde existe un exilio con todo un particularismo- es de casi el doble de habitantes que en Santiago de Cuba: considerada la segunda ciudad de Cuba en importancia. Al mismo tiempo, en Madrid se conformó otro enclave del exilio que es tan pugnaz como el de Miami, a pesar de ser bastante menos numeroso, pero cuenta con la independencia que le confieren instituciones de apreciable alcance social y un notable empuje debido a la tenencia de medios de comunicación muy eficaces.
La misma subversión social que sirvió para convertir a un país receptor de inmigrantes en productor de emigrantes fue, por si lo primero fuera poco, la eclosión de una épica de la cual el gobierno socialista entendió erróneamente el imperativo de encargarle a los cientistas sociales la posibilidad de procurar una aleación entre la tradición nacionalista cubana, ya bien atenazada e irradiada durante la primera mitad del XX, con el carácter socialista de la Revolución de enero de 1959. Así se llegó a la perversión de confundir la Patria con el Partido Comunista, o sea, la certeza de que la conciencia nacional cuajaba, única y exclusivamente, a partir de la consolidación de la Revolución Socialista y el apego irrestricto a ella.
Sin embargo, toda esa realidad obligó a perfilar inteligentemente la agudeza visual de la investigación social de la historiografía cubana dentro de la Cuba socialista, la cual se ha mostrado lo suficientemente remisa a la hora de investigar la historia del pensamiento social cubano desde el concepto de nación. Probablemente al interior de la nación como categoría de análisis se hallen concomitando una serie de condicionantes políticas, sociales y culturales (sin entrar en las económicas que son harina de otro costal) que no favorecen en lo más mínimo el consenso acerca de convenir que hemos conseguido la nación. Acaso por eso -pienso yo- con notable certeza los historiadores cubanos se han dedicado a investigar el pensamiento social cubano desde una categoría tan atinada como la de identidad nacional cubana. Desde ahí puede que hayan intuido -vuelvo a pensar yo- la imposibilidad de hablar de Cuba como nación mientras no se resuelva la inclusión de los exiliados y emigrados heterodoxos en el amplio tejido de la identidad nacional cubana. Porque hay tanta identidad nacional cubana en Cuba, como en Miami, o en Madrid, o en México, por citar nada más cuatro enclaves. La Cuba que habrá de empezar a moldearse en breve tendrá que ser pensada para que dentro de ella quepamos todos: los de dentro, los de afuera, los exiliados y los emigrados. De modo que el pensamiento social cubano retomará los conceptos clave para redimensionar nuevamente todo cuanto concierne a una teleología de la identidad nacional cubana, para cuando llegue el instante preciso podamos hablar seriamente de la nación.
Ahora la aventura nacional que nos espera a los cubanos frente a los Estados Unidos de América pudiera ser muy similar a la que ya ha empezado a encarar Venezuela. El mundo está siendo reorganizado geoestratégicamente desde los intereses regionales de los Estados Unidos de América, Rusia y China. En lo que nos concierne a los cubanos, ha de tenerse presente, todo el tiempo, las siguientes dos máximas: primera: la cuestión no es de expansión territorial de un imperio, sino el reordenamiento geoestratégico que protagonizan no uno sino tres imperios con zonas de influencias muy bien delimitadas. Para Cuba esto no constituiría hoy una fortísima y punzante espada de damocles si el gobierno socialista de más de seis décadas se hubiese dedicado, razonablemente, a desarrollar el país e industrializarlo. Segunda: aún cuando esas más de seis décadas hubiesen sido aprovechadas en la creación de estrategias para el crecimiento del PIB, hace más de un siglo que desde el Río Bravo hasta La Patagonia no existe país que pueda desarrollarse al margen de los Estados Unidos de América. El resto son las tribulaciones ideológicas perversas al interior de las cuales los extemporáneos de la propaganda y la agitación cubanas han subsumido en todo momento los necesarios y ágiles recursos de la negociación política.
Valencia, España, febrero de 2026.


Trump pretende rodearse de estados no hostiles, en un mundo globalizado, el concepto nación ha mutado. La pregunta que sugiere tu reflexión es si seremos capaces de asumir el trauma de no nación como una oportunidad y no como desafío involucionista.
ResponderEliminarAnálisis, consideración, proyección muy concreta y profunda de un tema muy complejo y esperanzador.
ResponderEliminar