Tres comparsas en el carnaval de la izquierda española


Triste izquierda.

Hay molinos de viento,

pero no los ve.

(E.B.R. "Senryu 32".

En: Poemas de Estaciones y otros motivos.

Editorial El Talón de Aquiles, Valencia, 2026.)


Por Emilio Barreto Ramírez

En Occidente la ideología está experimentando un desplazamiento consensuado hacia la derecha. Rápidamente casi toda la exigua izquierda latinoamericana ha entendido que, tal  como sucede en el ejercicio de la democracia, el poder tiene movimiento pendular y ha llegado la hora de recogerse. Si la sensatez prevalece, la cuestión en el minuto actual es acometer no "regeneraciones" sino "refundaciones" de algunos partidos socialistas, comunistas más los que respondan a orientaciones similares. Este momento político pudiera incluso promover en la región la búsqueda de nuevos consensos al interior de los partidos de inspiración socialdemócrata. Los resabios todavía permanecen en Nicaragua y en Cuba, pues Venezuela o se mueve primero hacia el centro a modo de guiño hacia Washington, o el Gobierno interino más la correlación de fuerzas internas recibirán un empellón expedito. 

Sin embargo, la izquierda española da muestras de creerse andar de plácemes: en una ceguera agendada que la convida una y otra vez a dar palos de ciego mediante los cuales abanica sin golpear y sin tan siquiera provocar el sonido del viento surcado. El primer guarachero de esta comparsa izquierdista es Pedro Sánchez quien, finalmente, además de deshonesto, nada tiene de político hábil. En medio de una filtración periodística en la cual se le señala aquejado de problemas de salud, Moncloa ha decidido silenciar informativamente la noticia de interés público con la perversión de la prudencia de la autocracia. Pedro Sánchez ha preferido hacer mutis ante tal observación para, valiéndose de otra cortina de humo, emprenderla contra la monarquía a partir de la desclasificación de toda la documentación existente en torno al intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981. Y ha obrado de ese modo inconforme con la obtención de un saldo de muchas penas más la inexistencia de glorias durante todo el 2025: año del cincuenta aniversario del fallecimiento del general Francisco Franco: etapa para la cual tenía destinada una agenda de celebraciones antifranquistas que no se concretó ni en lo más mínimo. Ahora, en otra descarga de concupiscencia jubilosa, el pendenciero Sánchez ha vuelto a la carga, pero con el objetivo de poner contra la pared a la monarquía como institución. Con ello pretendía traer nuevamente a su redil a toda la izquierda republicana que en 2023 estuvo bajo su mando en la coalición frankenstein y en estos momentos anda desperdigada tratando de rearmarse -o al menos reagruparse- sobre la base de nuevas nominaciones para formaciones políticas que le resulten novedosas al electorado con vista a las elecciones generales de 2027. El argumento: para cada una de esas formaciones de izquierda, Sánchez sucumbe en una crisis de credibilidad. No les falta razón.

A estas alturas, toda maniobra de negociación política llevada a cabo por Sánchez con un fin de estrategia electoral se reduce a trámite ineficaz. Es curioso que el Presidente del Gobierno y Secretario General del PSOE insista en tejer alianzas no nuevas, sino renovadas, cuando está padeciendo el peor de los problemas que puede acarrear un político: la falta de credibilidad en los dos ámbitos en los cuales intenta moverse: los socios de Gobierno y el electorado. Dentro de la coalición de Gobierno hay fracturas. La más visible es la de Junts, aunque en el mismo orden se halla la de Podemos. Pero como a Ionne Belarra la recorre un síndrome antimonárquico excesivamente pasional y por ello altamente virulento, pues se apresuró en correr a saludar la estrategia sanchista. Veinticuatro horas bastaron para que la primera de las agitadoras de Podemos viera cómo se iba de bruces la embestida de Sánchez contra la Corona. En el electorado español es insignificante el embullo republicano, así como enorme el disgusto con la gestión política y económica del PSOE sanchista. La vocación monárquica de la sociedad española es tema para otra aproximación.

La aspiración de Sánchez era poner en tela de juicio la gestión de Juan Carlos I de Borbón, entonces jefe del Estado Español, frente a la traición del ex teniente coronel Tejero quien, para mayor justicia de la historia, dejaba el mundo de los vivos el mismo día en que Sánchez autorizaba la desclasificación de los documentos del golpismo. El otro fiasco -y mayor de todos- es que la documentación desclasificada deja muy bien parado al Rey Emérito como Jefe del Estado, como Capitán General de los Ejércitos y como español demócrata de buena voluntad. Sánchez buscaba engatusar a la izquierda desperdigada por todas las bandas para reagruparla y que lo acompañaran en la campaña del próximo año. Como pago en esta negociación no política y sí politiquera, el Secretario General que ha convertido al PSOE en un Partido ya completamente distanciado de la Constitución del 78, buscaría la posibilidad de realizar además un referéndum sobre la utilidad de la Monarquía: algo que para los de Podemos y Sumar pudiera constituir una especie de merengue a la puerta de un colegio.

En  una legislatura de centro derecha, habría que exigirle al PP y a Vox que promuevan cambios en la Constitución que favorezcan el fortalecimiento del Estado de Derecho, sobre todo para blindar a España del separatismo y del republicanismo.
En la foto: A la derecha: Pedro Sánchez y Yolanda Díaz. A la izquierda: arriba: Otegi (EH Bildu), Oriol Junqueras (ERC). Debajo: Antoni Ortuzar  (PNV), Carles Puigdemont (Junts per Catalunya). La conformación para la foto reseña los días previos a la investidura de Sánchez, en noviembre de 2023. Entonces resultó investido presidente del Gobierno con el apoyo de los independentistas vascos (EH Bildu, Partido Nacionalista Vasco) y catalanes (Esquerra Republicana de Cataluña, Junts).

De retinosis pigmentaria política padece también Sánchez, porque si no es menos cierto que los partidos ubicados a la izquierda del actual PSOE han manifestado abiertamente animadversión por la Corona, también es verdad que, si observamos el comportamiento del electorado, constituyen minoría exigua como para que Sánchez se plantee una estrategia capaz de encumbrarlo de cara a las próximas elecciones generales. Luego están los partidos independentistas, a los cuales jamás les ha interesado profesar y mucho menos destilar una orientación antimonárquica porque el independentismo en España es separatista con monarquía o sin ella. Por eso ninguna de las formaciones separatistas -poco importa si de izquierdas o de derechas- se va a gastar ni una sola neurona en acompañar a Sánchez en semejante sainete.

Cuando un líder político enfrenta una crisis de credibilidad en el electorado, tal y como está ocurriendo desde el proceso de investidura de noviembre de 2023, cualquier estrategia se traduce en tiempo perdido. Mientras las encuestas del CIS insisten en presentar un PSOE redivivo, las citas electorales confirman todo lo contrario: primero fueron las elecciones al Parlamento Europeo; después las convocatorias electorales autonómicas de Galicia, en 2024, así como en Extremadura, en 2025, y Aragón, en 2026. El electorado español lo que está reflejando es un distanciamiento abismal frente al discurso público salido del Palacio de La Moncloa, el cual, lógicamente, deslegitima por completo las estrategias banales de la izquierda actual. Para superar semejante escollo se requiere una sola estrategia (aunque sabemos que no tendrá lugar): que Sánchez dedique tiempo a atender su salud (a todas luces bastante desmejorada) y dé paso a una nueva legislatura de centro-derecha que le imprima otro ritmo a la desaceleración de la economía individual y familiar en España. Ello sobre la base de transformaciones políticas y no precisamente económicas. Basta nada más mirar de soslayo el disparate político en desarrollo: la negativa a que las tropas estadounidenses utilicen las bases militares de Morón y Rota en medio de la guerra que sostienen con Irán. ¿El resultado?: diferencias profundas y gratuitas con el gobierno estadounidense y el aislamiento de España dentro de la OTAN más la Unión Europea.

La segunda comparsa está a cargo de los dispersos de Podemos, Sumar, Mas Madrid, Los Comunes, Compromis, Izquierda Unida y Esquerra Republicana de Cataluña. Para los seis primeros queda claro también que Sánchez se ha convertido en un lastre para el avance de sus respectivos discursos públicos. En eso se les puede reconocer no un mérito, pero al menos sí una capacidad. El gran problema lo tienen en el acervo político que destilan. ¿Por qué? Pues porque el follaje del bosque no les deja ver el pueblo ubicado inmediatamente después de la arboleda. A todas luces, no tienen capacidad para realizar un diagnóstico eficaz del asunto que aqueja realmente a la sociedad española. Para Podemos, por ejemplo, según gritería de Ionne Belarra, el problema crucial de la sociedad española es la vivienda y, como consecuencia de ello, que ya una nutrida cantidad de unidades de convivencia tenga serios conflictos para llegar a fin de mes. Eso es cierto, pero el diagnóstico peca de simplista. El gran problema de la sociedad española es político y en consecuencia económico. Los dislates económicos generados por el sanchismo lo más probable es que no se arreglen con la voluntad de ponerle parches a la economía. En cualquier caso, la urgencia es política y pudiera estar clamando por una revisión profunda de ciertos artículos de la Constitución. Si en las próximas elecciones generales el centro derecha ya ha conseguido pensar más en los españoles y mucho menos en las riñas entre formaciones políticas y termina por imponerse con mayoría aplastante (al menos 210 escaños en el Congreso de los Diputados) habrá que exigirle al PP y a Vox que procuren en la Constitución del 78 los cambios que fortalezcan el Estado de Derecho frente al avance de la autocracia que hemos estado viviendo primero en el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero y más recientemente en el de Pedro Sánchez. En esa gestión estaría muy bien concederle prerrogativas algo más visibles al Rey como Jefe del Estado y Capitán General de los Ejércitos ante la posibilidad de fracturas sociales de matriz republicana por un lado e independentista por el otro. El vapuleo al cual ha sometido Sánchez la política exterior de España, más la limitada capacidad de acción del Rey como jefe del Estado en eventos de extrema tensión -tales como el desastre de la DANA de Valencia en 2024- dejan ver una Carta Magna que requiere reforzamientos frente al voluntarismo de corte republicano dictatorial. El reforzamiento de la cohesión de España como nación debe facilitarle al futuro gobierno de centro derecha la búsqueda de estrategias económicas que hagan más ligera la vida de los ciudadanos ubicados en las clases medias. 

La tercera comparsa del Carnaval de la Izquierda nos llega con coreografía de Gabriel Rufián, a quien nada ni nadie le preocupa más que Santiago Abascal y el empuje de Vox. Si Rufián -quien aunque con levita y peinado de peluquería no pasa de ser un agitador rayano en la chusmería- tuviera conciencia de que en la España tan denostada por él no hay formación de izquierda que lo acompañe en la cruzada de lo que él suele denominar "extrema derecha", también economizaría energías: al menos las físicas, porque las mentales tiene por norma desperdiciarlas semanalmente en el Congreso de los Diputados. El resto de los partidos separatistas lógicamente se hallan centrados en convencer a los electorados de sus respectivas comunidades autónomas: algo al parecer más viable en el País Vasco y no precisamente en Cataluña, donde las autonómicas de 2024 reflejaron fielmente el hartazgo del electorado catalán en relación con las propuestas del separatismo tanto de izquierdas como de derecha.

Para la izquierda española, es decir, el PSOE y el resto de las formaciones que se alinearon con Sánchez en el vodevil de julio de 2023, el tiempo de gracia se ha terminado. Como en democracia los tiempos de gracia son pendulares, pues ahora -si fuesen lo inteligentes y buenos observadores que están resultando los partidos de izquierda en América Latina-  convendrían en lo imperioso de replegarse para rearticular sus respectivas estrategias y discursos públicos. La crisis política generalizada y reverberada por el sanchismo ha derivado hasta la pérdida de credibilidad del electorado ante las izquierdas zombies. Les aguarda -si algo les queda de sensatez y sagacidad- una única cura: el reposo en el recogimiento claustral, para consultar el futuro con la almohada.

Valencia, España, marzo de 2026.

Comentarios

  1. Se puede escribir más pero no mejor. Gracias Emilio. Exquisito y clarificador análisis fotográfico de la España de hoy mismo.
    Por comentar algo escribir que me preocupa la transparencia de la futura elección nacional y lo que intentarán los "socialistas" para alargar el escenario del comicio. Asi mismo la situación en que quedará El País (no el periódico) después de años de gobierno sanchista, filoetarra e independentista.
    Y que conste que mi comentario ha sido inducido ante todo por el magnífico artículo que lo preside.

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